Cambios disruptivos en el mundo del trabajo

June 27, 2017

A lo largo de la historia económica mundial las variables, inflación y desempleo, han sido objeto de innumerables y celebres trabajos del pensamiento económico. La primera, la inflación ha sido una preocupación sumamente fuerte, por el enorme impacto y distorsión que motiva en la asignación de recursos, los efectos en la distribución de la riqueza y la pérdida de credibilidad en el mecanismo de precios o mercado, incluyendo en estos últimos, al mercado financiero, dónde los efectos son más veloces y devastadores. La inflación descontrolada afecta la relación entre ahorro y consumo y puede también afectar la inversión, en tanto provoca distorsiones inter-temporales en la información transmitida por el mecanismo de precios. Por su parte, el desempleo es conocido como el cáncer más grotesco del sistema económico, provoca exclusión y un retroceso en la función de especialización productiva, ocasiona aumentos abruptos de la desigualdad y la pobreza y es probablemente el mal de mayor dimensión al que se enfrenta el sistema económico de nuestro tiempo.

 

Si bien la teoría económica ha estudiado por muchos años la relación existente entre inflación y desempleo, existen pocas verdades probadas sobre los efectos que puede llevar el sobredimensionar uno u el otro problema en un contexto macroeconómico de política pública. Pareciera que muy cerca del pleno empleo, los costos de oportunidad entre uno y el otro, inflación y desempleo, existen y se contraponen. Empero, conseguir pleno empleo o cero inflación no pareciera ser una meta razonable para el sistema económico, en tanto las fricciones y normalidad del funcionamiento macroeconómico llevan a un punto de inflexión dónde conviven, un nivel menor de malestar en ambas cifras. Sin embargo, el problema serio nace cuando por otros motivos, el desempleo o la inflación se disparan por encima de los niveles deseados, generando una distorsión mayúscula en el sistema económico.

 

Es por eso que hoy nos ocupa y nos preocupa cada día más el desenganche estructural del empleo y la dinámica que tiene, no sólo por tener una tasa de desempleo mucho más alta y difícil de acoplar al sistema productivo e institucional existente, sino porqué el problema, en lugar de disminuir se incrementa en estos últimos años y en los próximos meses y años, la situación puede llevar a que el desempleo abierto llegue hasta un 20 por ciento o más de la Población Económicamente Activa PEA. Se trata, en síntesis, de un cambio disruptivo en los factores que explican el crecimiento económico, la innovación y la dinámica institucional del país.

 

Si bien, este es un fenómeno que tiene causas y raíces fuera de nuestras fronteras, producto esencialmente de los cambios tecnológicos ocurridos en las últimas dos décadas, la falta de preparación y la escasa capacidad de actualización de nuestras estructuras institucionales provocarán una crisis de dimensiones muy fuertes y que de no prepararse, será seguramente un momento histórico muy difícil para el país y la región en general. Se trata del empleo en el mundo y la sociedad 3.0, algo de lo cual, no sabemos muy bien hasta dónde y hasta cuándo terminará de asentarse en la sociedad. Es una nueva revolución tecnológica de impacto en múltiples sectores. La automatización del trabajo y la reducción del costo marginal de producir de los bienes y servicios; estos serán dos elementos centrales en la nueva y profunda revolución provocada por nuevas tecnologías en campos tales  como, el internet de las cosas, la robótica y  la genética. Las aplicaciones tecnológicas cruzaran al igual que lo han hecho las tecnologías digitales hoy en día, por casi todos los procesos manuales y basados en conocimientos automatizables. De esta forma, tendremos mucho más eficiencia y una reducción sustantiva de costos en área como la producción en serie, la medicina, la agricultura, la industria de la educación entre otras. Sectores completos de lo que hoy forma parte de nuestro mercado laboral serán destruidos y las profesiones nuevas, muchas aún sin inventarse, formarán parte de un nuevo ecosistema productivo en el que existirán muchos ganadores y también, muchos perdedores.

 

Algunas formas de atenuar y prevenir estos cambios es fomentar de manera clara la formación por competencias, en todos los niveles del sector educativo, más que profesionalizar o especializar de forma absoluta a nuestros nuevos recursos. Se requerirá de una permanente actualización y de enviar a la Universidad y a las instituciones de formación técnica a coortes completas de trabajadores que serán innecesarios en la nueva sociedad  y la nueva economía 3.0.  Se requiere un gran esfuerzo de concertación nacional y sindical, dado que más que defender los salarios o las conquistas existentes, los sindicatos deberán ocuparse de defender el empleo y facilitar los procesos de traslado de masivas cantidades de recursos humanos de una parte del sistema productivo a otra. Prepararse para este proceso, también exige nuevas y novedosas políticas públicas. De lo anterior, seguiremos hablando en nuestra próxima entrega de reflexiones.

 

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