Nuestra democracia al filo de la navaja

March 23, 2018

Lo que sucede en Costa Rica no es muy distinto a la tendencia que hemos venido viendo en otros países de la región latinoamericana e inclusive, fuera de ella, en algunas recién llegadas y otras antiguas democracias europeas. El proceso de cambio tan vertiginoso en la estructura social y los impactos de las cada vez más disruptivas innovaciones tecnológicas, están golpeando las viejas estructuras institucionales y afectando, la forma y el fondo en cómo nos relacionamos en la sociedad. La exclusión social de una parte importante de la población y el ensanchamiento de las desigualdades, están poniendo en entredicho los resultados del Estado burocrático y gremial, heredado del siglo XX. Los países y sus democracias, están pasando tiempos de convulsión que se manifiestan en polarización social y definiciones extremas, que ponen en peligro nuestra convivencia social.

 

Producto de estos cambios, se está transformando el escenario político y minando las viejas formas de hacer las cosas en los partidos políticos y en general, en las democracias. Empero, los cambios políticos no se han generado en la estructura del Estado, sino en la base, en las estructuras políticas que deciden el voto de cada vez más ciudadanos. Algunos le llaman votos emocionales, otros votos viscerales, lo cierto es que el voto se asocia más a los sentimientos que a los pensamientos. El tema de fondo, es que en los sentimientos se expresan nuestros pensamientos. Muy poco efectivo es contra este tipo de manifestación, el argumento o el uso de la razón, dado que el ciudadano se enconcha en sus cuatro milímetros de verdad y no permite ampliar el horizonte, sino que simplemente mira con profundidad en las diferencias, muy a pesar de los largos kilómetros de coincidencias que tenemos.

 

Se vuelve necesario un cambio en nuestro sistema democrático, que permita llenar las expectativas de los ciudadanos, que impulse un rompiendo con los cacicazgos y que lleve, a una más cercana representatividad del ciudadano ante el Estado. El Estado debe de estar más cerca y más comprometido con los ciudadanos, lo que obliga a descentralizar el poder y necesariamente, garantizar mejores formas de representación de la diversidad de intereses y posiciones del soberano. Es urgente ampliar la base de libertades, las libertades que garanticen el cumplimiento de derechos humanos universales. Para ello, el Estado debe de estar en función de los más débiles y proteger el ecosistema social de los niños y adolescentes con más esmero y resultados.  Los avatares de nuestra democracia son sólo una expresión de la inutilidad en que han caído nuestras instituciones. Los malos resultados en educación, salud, seguridad e infraestructura, son entre otras tantas áreas, dónde el Estado ha permitido un deterioro de su quehacer y el resultado no es otro que una ciudadanía ofuscada, molesta e indignada.

 

Independientemente de quién gane esta próxima elección en segunda ronda, la solución no vendrá del gobierno mismo, no vendrá de un candidato, debe venir de una reflexión social profunda y un proceso de reconfiguración de nuestra democracia y en ello, todos somos llamados a contribuir. Es necesario entregarles más poder a las personas y evitar a toda costa el centralismo creciente, que pone a las personas en función de las instituciones y no a las instituciones en favor de las personas. Son necesarios más dialogo y acuerdos, menos verbo y sobre todo, más resultados para con la ciudadanía. Para ello, el país debe permitir una gran discusión nacional sobre el modelo económico, social y político del presente. La versión presidencialista, que claramente está en decadencia  debe terminar de caer e impulsar, una reforma sustantiva en materia de regionalización y descentralización del Estado con énfasis en una nueva regionalización del país. Se deben sentar las bases de un nuevo acuerdo nacional con nuevos interlocutores y sobre todo, poniendo en la agenda las grandes reformas políticas, económicas y sociales de nuestro tiempo. El empleo y la empleabilidad, la productividad, la convivencia son temas de urgencia en el debate social y político y nuestro sistema electoral y de poderes actuales no es la forma correcta de enfrentar dichos desafíos.

 

Nuestra historia está llena de momentos lúcidos que han permitido dichos acuerdos país. El ADN de nuestros fundadores de la primera y la segunda república, aún corre por mucha de la sangre de nuestras generaciones presentes. Es sin lugar a dudas un momento crucial para llamar a reconciliar a los ciudadanos con el Estado, pero para ello, se requiere un liderazgo con lentes amplios, que mire más allá de una elección y de la coyuntura electoral actual.  El país y su democracia se encuentran al filo de la navaja, los desequilibrios sociales producto de las grandes desigualdades en empleo, en servicios y en ingresos, están socavando la paz social y las bases de nuestra convivencia.

 

Es urgente un gobierno competente, honesto,  transparente, inclusivo y sobre todo, efectivo. Para ello, quién gane en las próximas elecciones debe mirar al horizonte y no a sus zapatos. Llamar a gobernar a lo mejor de la gente, independientemente de su condición política o partidaria. Debe ser humilde y aceptar, conciliar y escuchar con sus oponentes, debe tender la mano con sinceridad y compromiso. Tal vez amigos y amigas lectores, estoy siendo demasiado iluso, demasiado ambicioso o demasiado ingenuo. Espero que el próximo Presidente y su gobierno asumen estas tareas con inteligencia. De lo contrario, la intolerancia, la impaciencia y la indignación del pueblo costarricense nos harán pasar tragos muy amargos como sociedad en estos años que se aproximan.

 

Dr. Leiner Vargas Alfaro

Catedrático de la Universidad Nacional

 

 

 

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