El gobierno que se va

April 30, 2018

Suelo escribir una columna de inició y otra de cierre de la administración del gobierno, balance
que no puede ser completo o exhaustivo, por la extensión de una columna, pero que intenta hastadónde llega mi capacidad, ser justo y balanceado con los logros, los desaciertos y los desafíospendientes del gobierno que se va. Paso revista entonces a cinco grandes puntos que considero marcaron el rumbo de la Administración Solís Rivera, mismos que nos dejan un sabor agridulce en el paladar y seguramente, un resultado de conjunto que disgusta más de lo que gusta a los y las costarricenses.


El gobierno que se va, no dio la talla de su discurso en materia de ética, transparencia y
compromiso con una rendición de cuentas efectiva a la ciudadanía. Desperdició lo mejor de su
capital político, en un año y medio de aprendizaje, que estuvo lleno de medias verdades, de
explicaciones y excusas y de errores de comunicación, liderazgo y claridad política. La incapacidad de tener un interlocutor adecuado con el congreso y sus hierros del primer año, fueron desgastando la confianza y el compromiso que llevó al poder al Presidente Solís. Lamentablemente, las grandes reformas en materia económica se rezagaron, al igual que la
infraestructura, la seguridad ciudadana y la agenda comercial estratégica del país. Sin embargo,
más allá de los hechos, el conflicto del cemento agudizó la imagen pública del gobierno y le da al país una real bofetada en materia de ética pública. Pone así a la administración de rodillas, ante su principal compromiso con los ciudadanos, la transparencia y la ética en la función pública.


La obra pública se estancó y los pobres resultados en materia de nueva infraestructura pasan una factura grave a la agenda de competitividad y de crecimiento del país. Las grandes carreteras siguen en la agenda, sin grandes avances, no avanzó el tren y tampoco se ha realizado un significativo gasto y ejecución en materia de educación y salud, por lo que el gobierno Solís Rivera, no pasó la prueba en materia de infraestructura. Tampoco pasó la prueba en materia de gestión y control de la inseguridad ciudadana, no sólo por los problemas crecientes del crimen organizado, sino por el deterioro de la sensible situación de seguridad del país. Finalmente, el gobierno quedó en deuda en materia ambiental, con un deterioro en las condiciones de los ecosistemas marinos así como, del sistema de parques nacionales.

 

La gestión macroeconómica ha permitido mantener la estabilidad de precios como el objetivo
central, amparados a un régimen cambiario con grandes intervenciones del Banco Central y a la
bonanza de los términos de intercambio internacional que se mantuvieron al menos en los tres
primeros años del gobierno. Así las cosas, la inflación se mantuvo por debajo de la meta y se dio un crecimiento moderado de la economía. El desempleo se mantuvo en una tasa cercana al 10% y aumentó la desigualdad y la exclusión social, esencialmente por el aumento en la informalidad y el desacople de las regiones periféricas del Valle Central, que siguen siendo el patito feo de la fiesta, marcadas por alto desempleo, criminalidad creciente y exclusión social. Las exportaciones han crecido y la inversión extranjera y el turismo siguen siendo la gran fuente de divisas y de dinamismo económico. Sin embargo, el país es cada día más caro y más complejo para producir y emprender, algo que tarde o temprano tendrá consecuencias fuertes sobre las empresas y la sociedad.


La política exterior ha sido ambivalente y complaciente en algunos momentos, aunque se debe
reconocer el logro de ambas administraciones en materia del conflicto limítrofe con Nicaragua, la posición fuerte en materia de cambio en las embajadas en Israel y una posición beligerante en materia de la agenda latinoamericana, muy venida a menos en los últimos años. Se extraña una posición más firme contra las dictaduras en Venezuela, la violación de los derechos humanos en Nicaragua y los cambios políticos en Brasil. El país sigue siendo fuerte en los temas de ambiente, derechos humanos y de los instrumentos para el dialogo y la paz a nivel mundial, sin embargo, el mundo ha girado hacía nuevos conflictos y esquemas que no son fáciles de sortear en el marco de un limitado número de embajadores y un cuerpo de política exterior acotado.

 

El Presidente Solís pasará a la historia como un mandatario que dejo más deudas que obras, más palabras que hechos y sobre todo, un gobierno con poco rumbo, casi “a la deriva”. El barco se entrega agujerado y más cargado de desafíos, que cuando inició su travesía en Mayo del 2014. El país sigue un poco usufructuando de los logros de su pasado, erosionando las instituciones públicas y falseando las bases de su futuro. Los resultados de la gestión son más un conjunto de sumatoria de procesos, que logros de perspectivas a largo plazo. Destacan algunos elementos como el nuevo código de trabajo, los cambios en materia de movilidad y los ajustes en la esfera de Niñez y Adolescencia, que tienen por primera vez recursos frescos para atender su labor, aunque están en una etapa incipiente.

 

Las banderas están a media asta, dado que los desafíos externos son cada vez mayores. La
estabilidad cambiaria y de precios está en vilo ante los avatares fiscales y los cambios en los
condicionantes de la deuda y de la competitividad exterior. Tenemos una sociedad en franco
deterioro, vacíos e inestabilidad galopante, fragilidad en materia de pobreza y exclusión y pocos han sido los cambios que direccion en el barco hacía mejores vientos. El sinsabor agridulce de un buen político en la Casa Presidencial que no ha sabido ser un buen Presidente. Un gobierno que pasa y otro que comienza, esperando que la luz y la experiencia permitan sumar y no restar a la ya frágil situación social y económica de esta hermosa patria, llamada Costa Rica.

 

Dr. Leiner Vargas Alfaro

 

 

 

 

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